
¡Adoramos y cantamos para la gloria de Dios!
¡Dios está en el centro! A través de la palabra y el canto, elevamos una fragancia para su gloria.
En nuestra casa de oración, Dios mismo ocupa el centro. Para nosotros, la adoración es más que música o una forma particular de expresión. Es una actitud del corazón que da gloria a Dios por quien es. Mediante la palabra y el canto, fijamos nuestra mirada en Él y le abrimos espacio a su presencia.
Cuando adoramos, respondemos a la naturaleza de Dios, a su fidelidad y a su gloria. La Biblia describe la adoración como una fragancia que asciende a Dios. En este sentido, entendemos nuestros momentos de oración como sacrificios espirituales que no son para nuestro propio beneficio, sino que tienen como propósito glorificar únicamente a Dios.
La oración y la adoración liberan lo que ha sido preparado en el trono para que se manifieste aquí en la tierra. Reorientamos nuestro enfoque, ordenamos nuestras prioridades internas y reconocemos que todo proviene de Dios y a Él regresa. Ya sea en la oración hablada o en la alabanza cantada, deseamos que la alabanza y la adoración asciendan a Dios como una fragancia día y noche.
Nuestro deseo es que la adoración en nuestra casa no esté limitada a momentos o formas específicas, sino que se convierta en una forma de vida. Una vida que glorifica a Dios comienza en la oración y se extiende a la vida cotidiana.
